Víctor Latorre presidente del IPEN y oportunidad de regreso al Perú (1988)
Justo cuando ya todo estaba en regla y en una situación de estabilización, recibo la noticia que, el 22 de febrero de 1988, el Dr. Víctor Latorre, mi profesor de física nuclear de la UNI, había sido designado Presidente del IPEN. Latorre había influido en mi selección de la carrera de físico nuclear. Luego de una conversación telefónica con Latorre, decidí regresar al Perú en ese momento. Esto mortificó a Morton Kaplan, porque estaba abandonando un contrato en su inicio. Trató de convencerme que esa decisión era precipitada. En los países latinoamericanos, dijo, nada es estable y todo cambia de un momento a otro. Ni hablar, yo había decidido mucho antes de mi primera salida al extranjero trabajar en física nuclear o sus aplicaciones en el Perú. Morton fue amable, al decirme que si regresaba al mes, mi estadía en Lima pasaría como vacaciones.
Viajé a Lima y me pareció encontrar otro ambiente. Aunque, aparte del Presidente del IPEN todos eran los mismos. La entrevista con el Dr. Víctor Latorre fue rápida. Inmediatamente fui contratado y encargado de planificar el uso de los haces de neutrones del Reactor de Huarangal.
Viaje San Borja - Huarangal y Huarangal - San Borja
De Miraflores a San Borja a las 6 de mañana
Como todos los días, apenas suena el despertador, salto hacia la ducha pensando en el día que se abre a lo desconocido, el que afanosamente se empeñan en descubrir los hombres de ciencia. Por la ventana entreveo, como todas las mañanas, los primeros peatones que luego invadirán por millones las calles de Lima y alrededores.
Luego de una rápida ducha y un desayuno acelerado, inicio una carrera al igual que el chofer que seguramente se dirige hacia el ómnibus del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), salgo casi corriendo hacia el paradero de microbuses que me lleva desde la calle Larco hasta la intersección de Javier Prado con Arequipa. Allí tomo otro microbús hasta la cuadra 8 de Javier Prado Este. Me dirijo casi corriendo hasta la sede San Borja del IPEN, en la Avenida Canadá, en San Borja, y logro tomar el viejo bus que me llevará al Centro Nuclear de Huarangal - situado a 45 km de Lima- el más grande centro de investigaciones del país.
Echo una mirada a los edificios de la sede San Borja del IPEN. Un bloque de tres pisos que da a la avenida Canadá es el usado por el Centro Superior de Estudios Nucleares (CSEN). La parte posterior del local cuenta con laboratorios en ambientes precarios, con material preconstruidos. Estos laboratorios están destinados en parte al análisis de uranio y en parte a experimentos de irradiación de alimentos y productos médicos. En la parte posterior, en ambiente separado de los laboratorios, se encuentra la cafetería igualmente preconstruida. Un bloque interior, cuadrado, corresponde al reactor RP-0, al generador y a la Oficina de Recursos Humanos. En el centro del local se encuentra un bloque destinado a la Alta Dirección y asesorías.
El bus va saliendo a la avenida. Las butacas son duras y la amortiguación del ómnibus parece inexistente. Trato de leer algún libro pero renuncio ante el tableteo de las imágenes.
El embotellado cruce de Monterrico
Al llegar al cruce de Javier Prado con la Vía de Evitamiento, nos encontramos con un ruidoso congestionamiento vehicular, tan intenso que es imposible pensar en otra cosa que no sea en una forma de acallar a los conductores de esos vehículos destartalados que además emiten humo como fábricas ambulantes.
Ya en la vía “Evitamiento”, se observa las polvorientas casas nunca acabadas de construir. Algunas precarias habitaciones trepan hacia el desértico cerro, gris, que día a día echa su polvo sobre los techos y los vehículos que pasan por esa vía rápida. Luego, al acercarnos un poco hacia el centro de Lima, observamos casas cubiertas de polvo negro y tratando de escalar el cerro más horrible del Perú: San Cristobal. La vía se atora de vehículos que mutuamente se cubren de humo. El nuestro, incluso, echa sus gases al interior, por lo que algunos científicos, ingenieros y demás personal ya están adormecidos.
Llegamos a la altura de la plaza de corrida de toros de Acho. Los miles de toros que allí murieron parecen rugir al mismo tiempo. Ni el ruido ni el caos vehicular hacen olvidar ese monumento con un pasado de dudoso y sangriento esplendor.
El ómnibus se para, los microbuses y buses se han situado en medio de la pista, tratando de estar primero en el paradero y quedarse allí hasta indigestarse de pasajeros. Todo el tránsito se ha interrumpido. Algunos han apagado los motores de sus vehículos. El nuestro sigue pujando.
Una que otra gota de agua sucia cae sobre algunas cabezas dormidas. Miro el techo agujereado del ómnibus y cambio de lugar. El par de buses que sirven para el transporte del personal al Centro Nuclear de Huarangal es prestado de la Marina del Perú. Por su estado, podría pensarse que han tenido una buena hoja de servicios. No son buses del IPEN, los tenemos gracias a los contactos de los oficiales de la Marina que dirigen el IPEN.
Siento que el tiempo pasa a gran velocidad y nosotros parados, haciéndonos viejos, asfixiándonos. El ómnibus avanza metro por metro, rozándose con los otros vehículos viejos y sucios, llevando sus pasajeros, en la mayoría del comercio ambulatorio y desempleados. Algunos niños ya cansados, con la cara sucia y con un pan con té en el estómago, dormidos, aplastan sus caras contra la ventana semitransparente de un ómnibus viejo que lanza bocanadas de humo negro, haciendo figuras repulsivas contra el cielo gris.
Polvos azules
No hay cuando termine el atoro automotor. Pero, después de larga espera logramos salir. A la izquierda, se observan los puestos de venta del mercadillo ``Polvos Azules", cuyas ventanas de lata dan hacia el río Rímac. El chofer se cree libre y pisa el acelerador a fondo. Tomamos velocidad, pero sólo por unos minutos. Llegamos al Trébol de Caquetá y encontramos otra congestión, pero esta vez rodeada de un olor nauseabundo. La basura tirada al borde de la pista, por donde transita la gente para comprar en el ``supermercado suelo" que se ha instalado en el lugar, sin servicios higiénicos pero con abundante producto de pan llevar, cubiertos por un techo de esteras sucias e invadidas por una nube de moscas. Para descansar cierro los ojos, pero no logro olvidar los olores que invaden el ómnibus.
En el ómnibus vecino, la gente va apiñada, colgada de las puertas. Nosotros, aunque lentamente, seguimos avanzando. Pasamos sobre el puente Zarumilla, que se encuentra cerca de la Municipalidad de San Martín de Porres, un distrito que en diez años se ha convertido una populosa ciudad. Luego paramos en la esquina de la avenidad Eduardo de Habich con la Panamericana Norte. Allí suben más trabajadores del IPEN y se cuelgan de donde pueden para no caerse en el trayecto. El ómnibus está repleto de gente y el viaje está todavía comenzando.
Por la UNI y la Cayetano
Por la ventana alcanzo a ver la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), desde donde comienza la avenida Habich, en honor al fundador de la Universidad, hace cien años.
A la altura de la Universidad Cayetano Heredia, otra parada. Sube un par de reactoristas, impacientes por el retraso del ómnibus.
Llegamos al desvío hacia el aeropuerto, el que se ha convertido en un cruce de miles de vehículos de transporte público. Allí observo un grupo de viajeros interprovinciales que esperan con sus bultos en el suelo.
La pista se despeja un poco, y el carro avanza a la velocidad que le permite su viejo motor. Mirando para ambos lados de la pista, el paisaje monótono es el mismo, basura y casas a medio construir, siempre cubiertas de polvo. De vez en cuando, la monotonía es rota por una columna de humo que sale de la basura que se quema y contamina aún más el ambiente.
Luego pasamos frente al SENATI, un instituto de prestigio, especializado en formar técnicos de mando medio. Vemos miles de jóvenes que forman cola para entrar buscando su futuro con una carrera que se está convirtiendo en una alternativa para los jóvenes de escasos recursos económicos. Después llegamos a las instalaciones de la empresa Volvo, donde vemos vehículos nuevos pero cubiertos de polvo.
El trayecto parece interminable. Pasamos por varias fábricas que se han instalado al lado derecho de la Panamericana Norte. Mirando a la derecha también se observa las casas construidas en las faldas de los cerros de otro populoso distrito: Comas, el que se ha convertido en el distrito más grande del Perú.
A lo largo del trayecto el ómnibus hace algunas paradas para que suban trabajadores del IPEN. La gente de Comas es la más favorecida por la ubicación del Centro Nuclear de Huarangal.
El ómnibus pasa a las 7:40 a.m. a la altura de una gran avenida que va hacia Comas. Podría pensarse que Huarangal se construyó para promover el desarrollo de esta parte de Lima.
Los humeantes basurales
En los cruces de avenidas con la Panamericana Norte, se observa gigantescos basurales, que con el tiempo van creciendo amenazadoramente. La situación no parece tener solución.
Me llama la atención un perro muerto que lo he visto de hace dos días, inflado, con las patas extendidas, casi por reventar. Nadie parece estar interesado en la higiene.
Pasamos por el río Chillón, que al bajar de los Andes se expone a los montones de basura arrojada a sus orillas por camiones, poniendo sus aguas de un color indescriptible. El río arrastra todo, botellas, camisas viejas, pedazos de colchones, madera, trozos de carne malograda, etc. Cuando uno observa con detenimiento, se tiene la impresión que el Chillón es el desagüe del Mundo. Pero, en realidad, la suciedad comienza sólo allí.
Un poco después, se observa un gigantesco basural, en el cual hurga gente pobre, buscando algo de valor. Una que otra columna de humo sale de esa inmundicia.
Por la Escuela de Guardia Republicana
Después del Chillón se encuentra la Escuela de la Guardia Republicana, que se presenta como una serie de pabellones contra los cerros. Centenares de jóvenes salen de la Escuela y esperan los buses que van a Lima. Después se ven algunos centros de recreación, de reciente fundación. Luego viene el campo, que comienza a ser invadido por desmonte.
Sigue el bus, ruge cansado. La gente recibe de vez en cuando un remezón en cada hueco por el que pasa el ómnibus. A decir verdad, hay que tener suerte para no caer en uno de los innumerables huecos de la pista. Me pregunto si no sería más confortable una pista sin asfalto. Por lo menos los golpes serían amortiguados. En la continuación del viaje se me ocurre tratar de imaginar cómo habrán sido los tiempos prehispánicos en estos parajes que hoy parecen inhabitables.
Se ha invadido por completo lo que antes eran plantaciones. Un amigo arqueólogo me había dicho que en la época prehispánica también había basurales. Es precisamente de esos basurales que encuentra información sobre la forma en que vivían nuestros antepasados.
En nuestro trayecto se observa algunos restos arqueológicos. Uno de ello, a la izquierda de nuestra ruta se observa unos montículos que sobrepasa en altura las casas, mostrando los muros de una edificación prehispánica.
Pronto llegamos a la altura del coliseo de gallos, que me hace recordar la herencia de la colonia amante de los pasatiempos sangrientos. Al lado, un popular restaurante especialista en chicharrones y tamales.
Por ratos, logro evadir la realidad. De pronto, llegamos al cruce de Puente Piedra, formado por la Panamericana con la pista que se dirige al Centro Nuclear de Huarangal. En este sitio, los innumerables vendedores ambulantes sirven alimentos que causan miedo, por las pobres condiciones higiénicas con las que se expenden. Sin embargo, los trabajadores que se disponen a comenzar la jornada toman apurados sus desayunos, sin parecer preocuparse por los riesgos.
El cruce de Puente Piedra
En el cruce espera más gente de Huarangal. El ómnibus parece tener capacidad sin límites: los termina engullendo. Después que sube el último no queda espacio ni para un conejo. Así, con toda su carga, el ómnibus comienza a avanzar por la pista hacia el Centro Nuclear. En nuestro camino, encontramos una ladrillera, donde los empolvados obreros trabajan de sol a sol.
Luego, pasamos la vieja iglesia construida el siglo XVI, de la época de los reductos de indios. Allí, los misioneros hacían trabajar gratis a los indios y se les convertía al catolicismo. A decir verdad, por el estado calamitoso de la iglesia, se puede pensar que en algún momento se perdió el fervor.
La pista hacia el Centro Nuclear de Huarangal es buena, fue construida exclusivamente para el Centro. Hacia ambos lados se tienden hermosos sembríos cuidadosamente cultivados por viejos agricultores, curtidos por el Sol. Los niños, en gran parte descalzos, se desplazan a pie para ir a su escuela. El poblado de Carabayllo, heredero de una hacienda prestigiosa, saluda nuestro paso. En Carabayllo, la única vía asfaltada es la que nos lleva a Huarangal.
La campiña de Carabayllo
En los cultivos se observa los campesinos inclinados arrancando los frutos, con gestos milenarios, impasibles, perpetuando la historia, sin muestras de querer cambiar.
Llegamos a una curva, la que se encuentra contra el cerro. Se ha tenido que hacer un pasaje a punta de explosivos, descubriendo la historia geológica de esos parajes. Vemos que sobre los límites de la vegetación se ha construido un canal que viene desde el río Chillón para irrigar estas fronteras agrícolas del valle.
Luego llegamos a un establo, con su hermoso ganado que le da un ambiente campesino, alejado de la ciudad. Es, en realidad, otro mundo. Los perros duermen en la pista y algunos niños juegan al borde. Nos encontramos con un rebaño de un centenar de cabras con tres pastores que las conducen pausadamente. Algunas vacas y caballos completan la manada. Los pastores se esfuerzan por mantener los animales al borde de la ruta.
La cuesta serpenteante
El viejo ómnibus comienza a subir la parte zigzagueante del trayecto. El paisaje es desolador, ni una sola planta. Sólo piedras y polvo. Al empezar la subida, percibimos un área que parece ser el lecho de una prehistórica avalancha. Perfecto plano inclinado que se encuentra entre los dos conjuntos de montañas. Se piensa que allalguna vez se construirá el conjunto habitacional del personal de Huarangal, para lo cual se ha constituido en cooperativa.
En la parte más dura de la subida, el ómnibus parece querer pararse para siempre. Pero esta vez sigue. Su ruido se hace cada vez más lastimoso. Nosotros pensamos que en cualquier momento nos quedamos botados. No sería raro, varias veces ha pasado.
Me distraigo mirando los cerros, que presentan estructuras de vegetación seca, descubriendo su pasado cultivado.
No se cómo llegamos a la cima. Luego viene una bajada, siempre rodeados de desierto, de piedras y de polvo.
¡Al fin Huarangal!
En forma brusca, como escondido detrás de los cerros, aparece el tremendo cilindro de concreto, la cúpula del reactor de investigaciones RP-10 de Huarangal. Nos acercamos velozmente por este trayecto en bajada. Luego comienza una ligera cuesta que desemboca finalmente en la primera puerta del Centro Nuclear de Huarangal. La puerta principal es sólo un simulacro de puerta, que sólo sirve para los que van en vehículos. Es una puerta enrejada, al lado de un puesto de la Guardia Republicana. Aparte de esta construcción, ningún muro impide pasar la línea por la que teóricamente debería haber un cerco. Un par de perros, echados al lado de la puerta, ni siquiera levantan la cabeza ante la llegada del ómnibus.
Un policía aburrido sube al ómnibus y comienza a revisar sin ánimo los documentos de los pasajeros, haciendo bajar primero a los que estaban parados, que en su mayoría siguen su camino a pie. El ómnibus termina su viaje a la altura de un tarjetero donde todos marcan la hora de entrada. Son las 8:30 a.m. Dos horas y media desde el comienzo de mi aventura diariamente repetida.
Así llegamos al más grande centro de investigaciones del Perú. El reactor se observa imponente contra las montañas. Es un enorme cilindro que cubre el paisaje desértico. A su derecha están los laboratorios de física y química. A la izquierda está la Planta de Producción de Radioisótopos. Separado de este conjunto, más cerca de la entrada, se encuentran los tres pisos del edificio del Centro de Protección Radiológica y Medicina Nuclear.
El viaje termina. Los laboratorios que se han instalado son impresionantes por su modernidad. La gente que aquí trabaja es altamente especializada, entrenada en diversos países del extranjero. Cada uno ha sido preparado para una función precisa, para lo cual ha recibido su código. Nadie puede salirse del esquema.
El Centro fue construido por la Comisión de Energía Atómica (CNEA) de Argentina, en virtud a un convenio del Gobierno este país con el Gobierno de Perú. Para nadie es un secreto que su construcción respondió al temor de dejarse adelantar por Chile, el próspero vecino del Sur.
Después del viaje, una gran parte del personal se lanza tras un café y un sánguche. Los ingenieros y científicos del Centro Nuclear llegan a sus laboratorios alrededor de las 9:00
a.m.
Cuando me disponía a reunirme con los físicos responsables de proyectar los usos de la sala experimental del reactor, me encuentro con un mensaje según el cual debo ir a la sede San Borja. Deseo comunicarme con San Borja, pero no se tiene teléfono. La comunicación es por radio, con la cual se deja mensajes en el puesto de la Guardia Republicana de la sede de San Borja, para que algún agente comunique a la dependencia correspondiente.
Repentino regreso a San Borja
Busco afanosamente un vehículo para ir a San Borja. Difícil, los vehículos están todos ocupados. Después de una hora logro subir a un automóvil en el que va alguien del grupo de administración. El grupo de administración cuando lo desea encuentra la forma de disponer de un auto.
Enfilamos el regreso. Al salir, en la puerta del de Centro Nuclear, nos cruzamos con los pastores de ovejas que se dirigen al poblado de Huarangal, instalado al borde del valle del Chillón. El camino por donde se dirige, bordea el Centro Nuclear.
De regreso a San Borja, el viaje se hace penoso por lo largo. Al llegar al cruce de Puente Piedra, el auto se cruza con un camioneta cerrada grande, donde va un oficial de la Marina, el Director del Centro Nuclear de Huarangal.
Antes de llegar a SENATI, para evitar el congestionamiento, nos desviamos a la izquierda, hacia la avenida Túpac Amaru, la avenida central de Comas. Al acercarnos a la avenida, apreciamos la magnitud de las poblaciones instalados en las faldas de los cerros que bordean el distrito de Comas. Ya en la avenida Túpac Amaru, volteamos a la derecha, para dirigirnos hacia Lima. La avenida es de dos sentidos. Las vías son separadas por una humeante columna de basura. Llegamos a la altura de los terrenos de la UNI, que se encuentran a la izquierda de nuestra ruta. Al llegar a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Ingeniería, la cantidad de basura disminuye un poco.
Cruzamos la avenida Habich, que comienza en Túpac Amaru. Pasamos el pabellón central de la Universidad. Los estudiantes ingresan por centenares. Luego pasamos por el Fuerte Rímac, un cuartel del Ejército Peruano, que se encuentra al final de la avenida Caquetá, que llega del centro de Lima perpendicularmente a nuestro trayecto. En la puerta del Fuerte Rímac, muchas madres buscan noticias de sus hijos reclutas. Cruzamos parte del distrito del Rímac por la avenida Los Próceres, con sus casas antiguas y mal cuidadas. Los niños juegan pelota en la calle, corriendo el riesgo de ser atropellados por los vehículos.
Puente Santa Rosa
Seguimos hasta el puente Santa Rosa, construido sobre la Vía “Evitamiento”, por la cual habíamos pasado tres horas antes. Del puente se observamos la Vía, completamente cubierta de vehículos. También podemos observar el río Rímac, con sus riberas cubiertas de basura. Del puente se aprecia el distrito del Rímac, que muestra sus casas coloniales que parecen abandonadas. En realidad, en esas casas tugurizadas siguen viviendo gente sin recursos económicos. Sus techos cubiertos de objetos indescriptibles e inservibles, parecen querer guardar en la memoria colectiva el pasado colonial.
Por el puente se llega a la avenida Tacna, la que comienza con el convento del mismo nombre. Allí vivió una santa colonial, a la que los limeños siguen venerando. Luego se atraviesa el centro de Lima, el ``damero de Pizarro". El tránsito vehicular se hace pesado, una infinidad de tubos de escape parecen nuevamente querer afixiarnos. Cruzamos la avenida Colmena, por la que caminan miles de peatones, algunos de los cuales compran utensilios en los puestos de vendedores ambulantes que han invadido Lima. Después cruzar la Avenida Colmena, se aprecia una serie de centros educativos de diversa calidad, la mayoría de los cuales se refieren al uso de computadoras.
Centro Cívico
Llegamos al Centro Cívico, un edificio de unos 20 pisos, al lado del Hotel Sheraton, casi de la misma altura. Volteamos a la izquierda, por un pasaje especial, y nos encontramos con el Palacio de Justicia. Luego llegamos a la Plaza Grau, que es la parte final de una avenida casi enteramente dedicada a los vendedores ambulantes.
Tomamos la Vía Expresa, la que nos lleva directamente a Javier Prado. En el trayecto, a la derecha, observamos el Estadio Nacional, donde cada domingo una multitud de aficionados van a pasar una fiesta deportiva. Pasamos por debajo del puente de la avenida Canadá. En la dirección de nuestra izquierda, a 14 cuadras, se encuentra la sede San Borja del IPEN. Nosotros seguimos hasta la avenida Javier Prado, a la que entramos usando la pista del trébol. La avenida Javier Prado es transitada por automóviles menos viejos que los que hemos visto en nuestro trayecto de regreso de Huarangal. La mayoría viene de los distritos de Monterrico y La Molina, situados hacia la cordillera de los Andes. Esos distritos son residenciales, poblados por gente sin problemas económicos.
De nuevo en sede central del IPEN
Al llegar a la sede central del IPEN, nos parecía haber hecho un viaje interprovincial. Pasamos la puerta enrejada, vemos que se está formando la cola para entrar a la cafetería. Me dirijo al generador de neutrones donde empezaba la reunión, en el segundo sótano del generador de neutrones.
Reactor con vacía sala experimental
Cuando entré a la sala experimental del reactor de Huarangal, sentí un enorme vacío. No había un solo instrumento para el uso de los haces de neutrones. Era impresionante cómo había podido construirse un reactor tan grande sin haber considerado el uso de los haces de neutrones -en realidad, sólo la neutrografía contaba con un diseño. La forma cómo se había distribuido los recursos para el reactor mostraba que su construcción no obedecía a un criterio científico.
La Jefatura del reactor RP-10 la tenía el oficial del Ejército, Miguel Vega. Era uno de los pocos oficiales del Ejército que quedaban en el IPEN. Vega era el único sobreviviente militar de Bariloche. Terminó su carrera de ingeniero nuclear con grandes y meritorios esfuerzos. Los civiles le reconocían ese valor.
A falta de personas para explotar los haces de neutrones, convencí a egresados de física de la UNI para trabajar en la aventura de montar una instrumentación neutrónica en la sala experimental. Una decena de jóvenes acudieron al llamado. Debíamos comenzar de cero. Los jóvenes físicos se volcaron a los libros e informes que en mis viajes había traído. Todo sobre el uso de los neutrones. Lo más fácil para comenzar parecía ser la construcción de una facilidad para neutrografía. Esta facilidad ya contaba con algunos implementos elaborados por los argentinos. Para su construcción completa faltaban recursos.
Sergio Benites comenzó a investigar la forma de diseñar un difractómetro, un aparato que constituye una sonda para estudiar la estructura de los materiales. Fernando Espinoza empezó a simular un medidor de densidad de suelos. Yuri Ravello se puso a trabajar la facilidad de neutrografía. Pablo Flores y Manuel Brocca empezaron a ver las huellas de fisión para la datación de muestras. Patrizia Pereyra se interesó en los detectores plásticos de partículas alfa.
Todos estábamos entusiasmados en el nuevo IPEN, cuando empezaron nuevamente los problemas, cumpliéndose lo predicho por Morton Kaplan.
Los militantes del APRA, un viejo partido que había criado en su seno verdaderos especialistas de la intriga, se encargaron de crear el caos. El Dr. Víctor Latorre había sido nombrado por el Ministro de Energía y Minas, Ing. Abel Salinas. Los apristas militantes del IPEN tenían la convicción que la institución era cualquier otra empresa estatal y que ellos tenían derecho a gobernarla bajo los principios del partido, cuya naturaleza provocó un período corrupción y arbitrariedad nunca visto en el país.
Poco a poco el Presidente del IPEN se convirtió en un rehén de los apristas. Víctor Latorre, en lugar de dirigir, estaba respondiendo a constantes interpelaciones de los militantes apristas que le exigían ``parte del poder".
La debilidad del Dr. Víctor Latorre es su soledad. Solo tomaba sus decisiones. Los trabajadores del IPEN al principio lo respaldaban incondicionalmente. Pero, poco a poco, los apristas le fueron minando el terreno. Para ello usaron algo infalible. Sus contactos con el compañero Ministro.
Cuando se tiene el poder todo es fácil. En el IPEN y en el Perú, el poder lo tenía el APRA. La inflación que originaba la política económica del Gobierno de Alan García reducía a nada las remuneraciones. Entonces, rápidamente, los trabajadores urgían de aumentos. Solicitaban al Presidente del IPEN que se gestione los aumentos. Estos no salían. La decisión estaba en manos del Gobierno.
Era una olla de grillos. Un instituto científico donde los militantes apristas exigían cargos y los trabajadores no tenían aumento.
Otro problema también difícil que tenía que enfrentar el Presidente fue el de los grupos de poder que se habían anidado con los militares y que, sin ser científicos o ingenieros, desde sus oficinas administrativas, tenían más prerrogativas que los civiles técnicos. Todo era dificultad alrededor del Presidente del IPEN.
Latorre había convulsionado totalmente el ambiente en el IPEN. En un instituto donde la burocracia tiene privilegios que sólo son limitados por los recuros económicos, el hecho que el Presidente llegue en un taxi, como lo hacia Latorre, les sacaba del esquema.
Todo era cuestión de tiempo, los apristas lo habían condenado. Sólo se trataba de esperar el momento más oportuno.
Un abogado reemplaza a un ingeniero en el Ministerio de Energía y Minas
El Ministro Abel Salinas fue reemplazado por el abogado José Carrasco Távara. El Presidente del IPEN viajó a Viena, a la Asamblea General de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica. Ni siquiera terminaba de subir al avión cuando el Gobierno Aprista nombra a un abogado como director ejecutivo, cuyo mayor mérito era su militancia aprista.
Ingresa al IPEN e inmediatamente nombra a miembros del partido en puestos claves. Por su cercanía con el Ministro, y para calmar los ánimos, consigue un espectacular aumento de sueldo para los trabajadores, los que sintieron como la llegada del más efectivo de los directivos en la historia del IPEN.
A su regreso, el Presidente del IPEN, rodeado esta vez de gente en su contra, no revocó los nombramientos de su reemplazante ni tampoco renunció. Quedó entonces sólo con su desesperada lucha por terminar la construcción del Centro Nuclear, para lo cual fue designado.
Un día se había programado la visita de Alan García a ese Centro y ni siquiera se le había pasado la voz. Ningún carro del IPEN fue a buscarlo para que reciba la visita del
Presidente de la República.
En esas circunstancias, se esperaba el día de la inauguración del Centro Nuclear de Investigaciones del Perú. Había gente que mostraba su desacuerdo con la inauguración. A ella vendría el Presidente de Argentina Raúl Alfonsín, cuya visita daba un relieve internacional a la ceremonia.
Ajenos a intrigas intrascendentes de toda laya, los físicos trabajaban en el diseño de los instrumentos que se tendrían que instalar en la sala experimental. El grupo de física adoptaba el nombre de FINES, de Física Nuclear y Estado Sólido. La relación con la UNI se establecía en forma natural. De la Universidad Católica también se integraban jóvenes investigadores. De la Universidad de San Marcos, los egresados de física trabajaban en el grupo de física de reactores, dedicados a tomarle el pulso al reactor y buscar los parámetros para su mejor funcionamiento.
El primer piso del llamado edificio de laboratorios auxiliares estaba ocupado por físicos y químicos, lográndose una perfecta complementariedad. Al frente de los químicos estaba el experimentado Ricardo Espinosa, uno de los primeros que ingresaron al IPEN para dedicarse a la investigación.
Ricardo, siempre con su pose de aristócrata desposeído, era simpático. Tú vienes de abajo y yo vengo de arriba, decía, pero al fin de cuentas aquí estamos, añadía. Su orgullo venía seguramente por ser nieto del famoso matemático Godofredo García, una celebridad muy respetada en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en el Perú.
Nosotros vivíamos en otro mundo. Teníamos la ambición de realizar investigación seria, de nivel internacional, publicar y poner el nombre del país en los congresos internacionales.
Estas investigaciones, en nuestro esquema, elevarían el nivel científico y tecnológico del país, el que en un mediano plazo, debería aplicar estos nuevos conocimientos en su industria. Pero los que gobernaban el IPEN, y gran parte de los gobernados, sólo deseaban su sueldo y vivir ``lo mejor posible". Sin embargo, se notaba que las necesidades vitales iban carcomiendo todo, especialmente los valores que animan a los científicos.
Llegó el día de la inauguración, el 19 de diciembre de 1988. Todos estaban entusiasmados. Todos vistieron lo mejor del ropero. Huarangal estuvo de fiesta. Hubieron invitados especiales que venían de países latinoamericanos. Se había armado un gigantesco estrado. Este fue ocupado por algunos invitados de excelencia, sobre todo los representantes de ambos gobiernos.
En la ceremonia se dijeron las cosas previstas. Se hablaba de ciencia y tecnología, del futuro del país, de la energía nuclear. Alan García pronunció, como siempre, un vibrante discurso, refiriéndose a las fórmulas de Einstein, equivocándose al mencionar la más elemental, la que se refiere a la equivalencia entre la energía y la masa.
Víctor Latorre inaugura el Reactor de Huarangal y se prepara para dejarlo funcionando
Todos hicieron tregua. Nadie se atrevía a recordar las intrigas. Llamó, sin embargo, la atención que en la placa recordatoria de la inauguración no se inscribiera el nombre del Presidente del IPEN.
Pasada la fiesta. Los ataques contra don Víctor arreciaron. Los apristas hacían lo que querían. Se creían los dueños eternos de todo lo que era del Estado.
Así, como era previsible, el Gobierno acepta la renuncia del Dr. Víctor Latorre.
Jorge Bravo y una presidencia breve
El reemplazante del Dr. Víctor Latorre fue el físico Dr. Jorge Bravo, que había obtenido su doctorado en física en EEUU. El Dr. Bravo era una persona tranquila, asequible, bastante respetada en el medio científico. Profesor de la Universidad de San Marcos y directivo del Instituto Geofísico del Perú. El Dr. Bravo, como el Dr. Latorre, era fundador de la Sociedad Peruana de Física (SOPERFI).
En principio, las cosas deberían haber funcionado normalmente, dentro de un ambiente de investigación y desarrollo. Pero, en realidad, los que tenían el poder como en todo el país eran los compañeros. Ellos hacían y deshacían los asuntos del Perú. Se reunían continuamente para decidir el futuro del IPEN. Ellos que rían gobernar el IPEN como lo hacían en toda empresa del Estado.
El Director Ejecutivo Waldo Vinces ponía sobre el escritorio del Dr. Bravo las decisiones que había tomado con los apristas para ser firmadas. Con Bravo, los apristas habían logrado el sueño de gobernar completamente el IPEN.
En estas circunstancias va surgiendo el esquema renombramientos y concurso de plazas para hacer frente a los requerimientos del desarrollo nuclear. Los contratados tienen mucha esperanza de verse nombrados, situación que en esos tiempos de desempleo significaba un privilegio. Constantemente se reunían los apristas para definir las plazas, buscando cómo favorecer a los miembros del partido.
Todos nombrados menos su modesto servidor
Evidentemente, las expectativas eran grandes. Yo me encontraba en situación de contratado. Llegó el día de los anuncios. El Ing. Gilberto Salas, Jefe del reactor de Huarangal, nos convocó a su oficina. Todos iban a ser nombrados, incluso los practicantes universitarios que estaban en formación. Todos menos Modesto Montoya. Salas alzó la voz adoptando su prestada pose militar y dijo amenazante: ``Aceptan las cosas y aquel que no esté contento y quiera reclamar lo boto."
Curiosa forma de amenazar que el creía eficaz. A los apristas no le gustaba para nada mi labor de difusión de lo que pasaba en el IPEN en el diario ``La República". Yo sentía que estaba sirviendo a mi país y haciendo público todo lo que me parecía anormal en el desenvolvimiento de lo relacionado con la ciencia y la tecnología. Eso causaba mucho escozor entre los apristas.
Lo que no me parecía normal, era que el IPEN sea gobernado por un abogado que dirigía un grupo de militantes políticos en mayoría incapaces, imponiéndose su voluntad al Presidente de la institución.
El Dr. Latorre me diría luego que él habría podido nombrarme automáticamente, sin concurso - que no había cuándo se organice uno- por ser especialista nuclear, pero ...
Ninguno de mis supuestos asesores me informó de esa posibilidad?, me dijo apesadumbrado.
Al Dr. Bravo le tocó dirigir el IPEN en momentos difíciles, en medio de un caos impuesto por los apristas y con la presión de la Marina cada vez más notoria. Desde la época de Huayta, en una entrevista que tuvimos, nos señaló que la Marina proponía al Contra-Almirante Miletich como Presidente del IPEN.
El tiempo de los marinos 1989
Casi todo el período de la presidencia del Dr. Latorre, los “compañeros” -como se llaman los apristas- del IPEN se dedicaron a crear la idea de que se estaba permitiendo que Huarangal se convierta en un fortín terrorista. En realidad, el fantasma del terrorismo era usado por los apristas para lograr que cambien a Latorre, supuestamente de izquierda. Con ello anhelaban el completo control del IPEN. Durante el día se reunían para pensarlo. Se habían constituido en una suerte de gobierno en la sombra del IPEN.
Nadie sabe para quién trabaja. Los marinos, que desde hacía años anhelaban la dirección del IPEN, armaron un expediente con los mismos documentos apristas para lograr convencer que el IPEN corría peligro en manos de los civiles. El caos era evidente. Con todo el trabajo realizado por los apristas, la decisión fue fácil. Ante ello, Alan García entregó la presidencia del IPEN al Contra-Almirante A.P. (r) Cristóbal Miletich.
Los marinos tenían varios oficiales que habían sido enviados en estudios de post grado en ingeniería nuclear, dos años antes que los oficiales del Ejército. Todos se habían preparado en el marco de las posibilidades de compra de un reactor. Por otro lado, desde que los militares controlaban el IPEN, los marinos habían recibido su parte en las becas, en viajes como participantes o funcionarios.
La entrada de las marinos fue una suerte de maldición para los apristas. La Marina contaba un grupo cohesionado en temas nucleares. La cohesión viene de esa disciplina a la que están acostumbrados los militares en la historia común de sus carreras.
El Almirante Miletich se había preparado para Presidente del IPEN. Después de sus estudios de Maestría en control de operaciones, estuvo en Argentina e Inglaterra para estudiar la ingeniería nuclear. Conocía a todos los jóvenes marinos con formación nuclear, los que se constituyeron automáticamente en su equipo de confianza para dirigir el IPEN.
Dentro del IPEN, los marinos tenían un hombre sumamente enterado de los pormenores de la institución: el comandante Fernando Torres. Fernando Torres era entonces un meticuloso oficial, soltero, con una dedicación total al trabajo. Por otro lado, atento a lo que pasaba en la institución se alimentaba de las informaciones que le brindaban los ipenianos en las innumerables reuniones de camaradería donde el oficial hacía gala de generosidad y caballerosidad. Era atento y servicial. Pensaba en todo. Organizaba reuniones y celebraciones, torneos deportivos, en los que las conversaciones tocaban los diversos temas institucionales. En cada fin de año, Fernando Torres enviaba una tarjeta navideña a los empleados del IPEN. Torres conocía todas las intrigas que armaban los apristas.
Los marinos, como todo militar, habían aprendido los métodos de la confrontación. Esa era su profesión. Más aún, conocían los puntos fuertes y débiles de la gente del IPEN. Esto les ayudó para tomar rápidamente las primeras medidas sobre la política de personal.
En el IPEN había un puesto muy cotizado: la Jefatura de la Delegación Peruana en Buenos Aires. Ese puesto tenía sueldo internacional, con ventajas y privilegios que se heredaban de los tiempos en que los oficiales del Ejército controlaban todo. Ese puesto constituía entonces un premio para los más fieles y destacados funcionarios del IPEN, los que en Lima tenían remuneraciones normales.
Abogado director ejecutivo del IPEN sale por puente de plata
El Presidente Miletich, sabiendo que el líder aprista de mayor jerarquía en el IPEN era el abogado Vinces, y que era él quien dirigía el equipo del pañuelo blanco, le dio el soñado puesto.
A Edwin Landa, el ingeniero electrónico frustrado por sentir que no llegaba al sitial que le correspondía como profesional y como aprista, Miletich lo envió al Centro Nuclear de Huarangal, lejos de la burocracia, en la que se encontraba la fuerza del APRA. A regañadientes Landa tuvo que ir a Huarangal que -lejos de las bases apristas- constituía una suerte de exilio político.
Edwin Landa usó las páginas de la Asociación de Profesionales Nucleares del IPEN para escribir su famoso (en el IPEN) artículo ``las Piedras Marinas". En ese artículo descargó su frustración e impotencia ante los marinos.
Gilberto Salas, Director del Centro Nuclear, fue reemplazado por el Comandante A.P. José Pereyra, en una reunión oficial, ante la presencia de los trabajadores del Huarangal. Salas, tomó este reemplazo como un trago amargo.
La estrategia de Miletich era bien simple. Apartar a los apristas que convirtieron en pernicioso el ambiente del IPEN y entregar a los profesionales nucleares capacitados puestos de decisión intermedia del sistema, guardando para los oficiales de la Marina los cargos claves.
La mayoría de los profesionales nucleares había sido entrenada en campos específicos, cumpliendo una planificación detallada y sistemática. Así, con la nueva tónica en el IPEN, todo se presentaba moderadamente promisorio.
El único escollo que tenía Miletich para el control total del IPEN era el grupo de militares del Ejército, quienes habían detentado en forma absoluta el poder en el IPEN. Ellos no se convencían con facilidad del término de su ciclo directivo en la institución. Sin embargo, con el tiempo, el panorama se fue aclarando, sobre todo ante la renuncia de los miembros del Ejército.
La Oficina de Recursos Humanos pasó al control de Edgar Medina -un profesor de electrónica graduado en la Universidad Nacional de Educación de la Cantuta- y Hernán Amico –ingeniero electrónico de la UNI. Con ello, Miletich entregaba el área de personal a profesionales nucleares.
Edgar Medina, con la idea de que la oficina de personal debía tener un gran peso en el IPEN, trasladó al personal administrativo correspondiente, de las barracas prefabricadas que ocupaban al edificio de construcción noble que había sido hasta entonces el edificio dedicado a la electrónica. Con ello, las unidades administrativas adquirían mayor peso en el tejido organizacional del IPEN, acentuando en consecuencia su preponderancia.
La multiplicación de plazas administrativas
Como el concurso de plazas era uno de los problemas no resueltos en el IPEN, Miletich lo convocó, pero completamente diferente al que había diseñado Víctor Latorre. Abultado en plazas administrativas. La idea de dar más independencia a Huarangal, generando una suerte de separación de San Borja, le obligó a crear una doble administración: una para San Borja y otra para Huarangal. En la nueva estructura del concurso se tenía incluso la plaza para un mozo, que atendería a la dirección del Centro Nuclear de Huarangal. Con esa estructura de plazas, el IPEN se haría de una pesada carga burocrática.
El concurso consistió en un examen psicotécnico escrito –el que se realizó en un colegio cercano- una entrevista personal -tomada por una comisión- y el estudio del Curriculum vitae.
Veto levantado
Los marinos levantaron el veto a mi persona. Luego de haber tenido el raro honor de ser el único no nombrado en un proceso de nombramiento automático de personal contratado y de practicantes, en el concurso logré ingresar con el mayor nivel de carrera profesional existente en el IPEN y soy hasta ahora el único profesional que tiene ese nivel. Entre los trabajadores nombrados existía hasta el nivel P9.
Así se consolidaba mi anhelo de regresar al IPEN para tratar de equipar la sala experimental del reactor de Huarangal. El trabajo que me esperaba fue una experiencia extraordinaria, en la que aprendque trabajar en ciencia en el Perú no era tan fácil como ocurría en países con tradición científica y tecnológica.
El esquema que Miletich quería para el IPEN era el de una empresa. Para ello le dio una estructura gerencial. Apareció la Gerencia de Investigación y Desarrollo, la Gerencia de Ingeniería, Gerencia de Radioisótopos, Gerencia de Reactores, Gerencia de Seguridad Radiológica y Gerencia de Proyectos y Contratos.
La Gerencia de Proyectos y Contratos estaba constituida por una quincena de profesionales que tendrían a su cargo la comercialización de todos los productos del IPEN. El esquema no dio los resultados esperados. Los únicos productos con un mercado eran los radioisótopos, vendidos a los hospitales y centros médicos. La producción de radioisótopos reemplazaba poco a poco a los importados. También se daban servicios de radioprotección y de mantenimiento de equipos electromecánicos.
La idea de Miletich era llegar al auto-sostenimiento del IPEN. El esquema no funcionó debido a que el IPEN no es una empresa rentable en el corto plazo. Los resultados de la investigación científica y tecnológica siempre se ven en el mediano y largo plazo. Estos resultados, por otro lado, se traducen en la elevación del nivel de la ciencia y tecnología en todo el país. No es un producto tangible que pudiera reflejarse en ingresos económicos para el IPEN.
La realidad ponía en serios aprietos al gigantesco aparato burocrático, cuyo tamaño no justificaba la poca actividad comercial.
Carlos del Río y el "caos premeditado" favorece al Reactor de Huarangal
En el grupo FINES, sin un equipamiento para la investigación, preparamos proyectos para ser presentados al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), tendientes a construir una facilidad de neutrografía, un laboratorio de huellas nucleares. Al mismo tiempo, este grupo se dedicó a estudiar el diseño de un difractómetro y a la simulación de experimentos de medición de densidad de suelos.
La política de Carlos del Río, presidente del CONCYTEC favorecía el inicio de iinumerables productos científicos y tecnológicos.
El Dr. Carlos del Río, Presidente del CONCYTEC -un científico graduado en Stanford- con mucha influencia en el Gobierno Aprista, había logrado significativos recursos para apoyar proyectos de investigación. Del CONCYTEC, obtuvimos el apoyo financiero necesario para comprar las partes indispensables para el instrumento de neutrografía. Nosotros estábamos apurados. Queríamos recuperar el tiempo perdido. Los jóvenes del FINES, los físicos Sergio Benites, Yuri Ravello, Manuel Brocca, Fernando Espinoza, Patrizia Pereyra, y el químico Pablo Flores pusieron mucho empeño en los proyectos. Se logró operar la instalación de neutrografía y el laboratorio de huellas nucleares.
Frustración de proyecto de difractómetro de neutrones
Ya con el diseño del difractómetro de neutrones, presentamos el proyecto al CONCYTEC, logrando un apoyo bastante importante. Nos sentimos animados por ese apoyo. Pero all se produjo algunos hechos que cambiaron la historia del FINES.
En primer lugar, debido al apoyo que logramos de CONCYTEC, Del Río fue a Huarangal para la inauguración de los instrumentos y laboratorios. La gente del FINES se enteró entonces que mientras hacía grandes esfuerzos para conseguir material e instrumentos para montar laboratorios, los directivos del Centro Nuclear pedían para suplementos de sueldos. La situación rebasó los límites razonables, cuando el dinero del difractómetro fue usado, en parte, para un proyecto con un empresa de comercialización de minerales, MIMPECO, bajo la hipótesis que ésta sería rentable. La otra parte fue usada para aumentar sueldos a todos los trabajadores.
Por si esto fuera poco, mientras que hacíamos detallados programas para tratar de levantar laboratorios de física en Huarangal, otros profesionales de la misma generación de los muchachos del FINES se ocupaban de gestionar becas para irse del país. Esto provocó la virtual desaparición del espíritu de cuerpo del FINES y todos también comenzaron a ver cómo salir al extranjero.
Las sociedades de ciencia y tecnología
En los años 80s, la ciencia y la tecnología eran totalmente ajenas al interés de la sociedad. Eso se notaba en lo que se decía en los medios de comunicación masiva. Aquellos que se dedicaban a la ciencia eran personas raras, incomprendidas.
La Sociedad Peruana de Física
El año 1988, a mi regreso del "exilio nuclear", varios colegas me incentivaron para participar en un movimiento de promoción la ciencia. Los colegas físicos me animaron para participar en las elecciones de Junta Directiva de la Sociedad Peruana de Física. Hubo otra lista liderada por uno de los fundadores de un partido político y profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Nuestra lista, conformado por Modesto Montoya, Ernesto López Carranza, Teresa Salinas y Eusebio Torres, ganó ampliamente. |
| Con la Sociedad Peruana de Física organizamos el Seminario "Cincuentenario del descubrimiento de la fisión nuclear” (Lima, 24-28/04/1989), el que tuvo un éxito inesperado. Muchos quedaron fuera del local de Colegio de Ingenieros del Perú de la Av. Arequipa, sin poder entrar al Seminario. En este seminario se trató de las diversas aplicaciones de las radiaciones nucleares, con expositores de varias instituciones científicas del Perú |
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Creación de la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología
En ese ambiente decidimos crear la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología (SOPECYT), para promover la ciencia y tecnología en todos los ámbitos de la sociedad. Tuve el honor de presidir la primera junta directiva, el que estuvo compuesto por Julio César Romaní (IPEN), Carlos Silva (INICTEL), Samuel Canchaya (INGEMMET), Lucía Villanueva (IGP), Walter Lescano (GP) y Magda Mateo (ITINTEC).
La primera junta directiva prestó juramento ante el Ministro de Energía y Minas, el Ing. Mario Samamé Boggio. En la ceremonia de juramentación participó el doctor Carlos del Río (presidente del CONCYTEC), el Ing. Marco Fernández Baca (Decano Nacional del Colegio de Ingenieros del Perú), el Almirante Cristóbal Miletich (presidente del IPEN) y el Ing. Fredy Núñez (Decano del Capítulo de Ingeniería Industrial y Sistema del Colegio de Ingenieros del Perú). |
| La cemonia se llevó a cabo en el local del Colegio de Ingenieros del Perú (Av. Arequipa 4947, Miraflores). Asistieron a la cermonia diversas personalidades relacionadas con la ciencia y la tecnología, especialmente profesionales de los institutos de investigación científica y tecnológica. |
| La Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología decidió organizar eventos de promoción de la ciencia y la tecnología, especialmente dirigido a las empresas y a los políticos, quienes tenían dificultades para comprender el rol que juega la investigación en el desarrollo. |
Simposio “Ciencia, Tecnología e Industria para el año 2 000 (SICITI 2 000)"
Auditorio de PetroPerú, 15 - 19 de septiembre 1989
El desarrollo de un país –entendido como el mejoramiento de la calidad de vida de la población– se construye aplicando los conocimientos científicos y tecnológicos, a través de los diversos servicios y productos que se ofrece a la sociedad. Para analizar la evolución de la relación entre la ciencia, la tecnología con la industria, la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología (SOPECYT), la Sociedad Peruana de Física (SOPERFI) y el Capítulo de Ingenieros Industriales y de Sistemas del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), entre el 15 y 19 de septiembre del 1989, organizaron el Simposio “Ciencia, Tecnología e Industria para el año 2 000 (SICITI 2 000)”
La ceremonia de inauguración, encabezada por el doctor Carlos del Río, conto con la presencia del Ing. Mario Samamé Boggio (Ministro de Energía y Minas) y el Sr. Carlos Raffo (Ministro de Industria, Comercio, Turismo e Integración).
Desde la revolución industrial, en Inglaterra y Francia, la ciencia y la tecnología han estado estrechamente relacionadas con la industria. Sin embargo, es desde la segunda mitad del siglo XX que esa relación se intensificó primero y cambió de naturaleza después. Como recordaba Mario Samamé en el SICITI 2 000, la primera revolución industrial salió de las fábricas y talleres, mientras que la de ahora nace en las universidades, como producto de la investigación científica y tecnológica.
En el Perú, desde hacía décadas que se buscaba la relación entre la ciencia, la tecnología y la industria. Carlos del Río, presidente del CONCYTEC, en el SICITI 2 000, planteaba que la ciencia y la tecnología “servía para vincularnos, para ocupar inteligentemente el territorio nacional, para lograr que nuestros recursos naturales adquieran un mayor valor agregado, para lograr que la energía esté al alcance de todos”.
A pesar de los esfuerzos que las organizaciones profesionales habían realizado para promover la ciencia y la tecnología en el Perú, éstas se encuentraban bloqueadas. Gerardo Ramos, en el “SICITI 2 000”, recordaba que hacía 30 años que se le venía preguntando qué hacer y él seguía respondiendo lo mismo: “es necesario dirección política en ciencia y tecnología”.
En los diez años que siguieron a 1989 no se produjo un cambio sustancial de las realidades en los diversos campos de la ciencia, la tecnología y la industria peruanas. |
Energía
Un tema crucial para el desarrollo es la energía. La producción de energía se ha centralizado sobre la hidroelectricidad– la que se mostró frágil ante los actos de sabotaje de principios de los 90 o ante los desastres climatológicos–. Sobre el problema energético, Luis García, en el “SICITI 2 000”, señaló que el 52 % del potencial total corresponde al potencial hidroeléctrico, pero que su explotación requería equipamientos importados. Además, dijo, las condiciones geológicas del país, los costos de las obras hidroeléctricas son mayores que el promedio internacional.
Luis García Núñez, refiriéndose al tema del gas, opinó que es un potencial que debe ser explotado racionalmente, con técnica, esfuerzo y creatividad. Debemos reconocer los límites de la capacidad tecnológica, de ahorro y de financiamiento, pero tenemos que usar esquemas de ahorro y financiamiento compatibles con nuestra capacidad de gestión y previsión del futuro.
La geotermia, según Núñez, es una de las fuentes más caras en el mundo, en términos relativos. Sin embargo, la regionalización puede cambiar la situación. Si la Región del Sur diera prioridad al potencial geotérmico, podría evaluarse los recursos a niveles comerciales. En 1999, se sigue estudiando esa potencialidad.
Manfred Horn, refiriéndose al problema energético, más específicamente al tema de la energía solar, dijo que éste no era un problema científico tecnológico; que era un problema financiero. En 1999, la energía solar ha servido para brindar energía a algunos pueblos aislados, como por ejemplo la isla Taquile del Titicaca.
En 1999, se ha construido centrales hidroeléctricas que satisfacían las necesidades. En ese marco, las empresas mineras ya no requerían grupos electrógenos.
Por otro lado, se explotaba el yacimiento de Aguaytía y se esperaba en un futuro mediato la explotación del gas Camisea.
Minería
Mario Samamé Boggio, en el “SICITI 2 000”, hizo notar que la minería y la metalurgia, en 1989, ya tenían raíces científicas y tecnológicas; que la extracción estaba altamente tecnificada; y que había llegado incluso a los fondos marinos, con tecnología para localizar nódulos de manganeso, extraerlos y procesarlos. Había llegado, por otro lado, la era de la cerámica y el diseño de materiales con características adecuadas a nuestras necesidades.
Mario Samamé, que en 1989 era Ministro de Energía y Minas, planteó el Programa de Desarrollo Minero Nacional, el que pretendía reemplazar los antiguos enclaves por sistemas integradores de los diversos elementos del entorno.
Las empresas mineras trataban de cambiar de actitud. En Yanacocha, por ejemplo, las empresas Newmont y Buenaventura, no tenían campamentos: el personal vivía en Cajamarca. La empresa Pierina, de la American Barrick, tampoco tenía campamento: el personal vivía en Huaraz. Esta integración del personal minero a la ciudad fue generando procesos socioeconómicos diferentes a los que persistían en los enclaves. En tiempos pasados, la relación de las empresas mineras con los pueblos era de paternalismo; a través de donaciones. En los años 90s la tendencia era tratar de industrializar la región, reforestar, hacer un buen manejo de bosques, trabajar la madera, etcétera. Eso es por lo menos en teoría. Sin embargo, aún existían reclamos debido a la distorsión que la actividad minera genera en los pueblos bajo su influencia.
Las empresas multinacionales dieron diversos tratos a las poblaciones afectadas por la ocupación de sus tierras. En Yanacocha, los habitantes de las tierras que se dedicaban al pastoreo fueron inducidos a vender sus tierras a precios irrisorios. Hoy, esos antiguos pastores se encontraron en la pobreza absoluta. En Huaraz, los pobladores serían ubicados en una urbanización construida por la empresa, la que les daría, además, un puesto de trabajo en la mina.
La promoción de la minería ha dado lugar al ingreso de empresas multinacionales intensivas en capital, operaciones automatizadas, entre otros avances técnicos, disminuyendo drásticamente el requerimiento de mano de obra.
El Estado se esforzaba por brindar las mayores facilidades para el ingreso de capitales en minería. Guillermo Balcázar, como presidente del Instituto Geológico Minero y Metalúrgico (INGEMMET), en 1989, daba prioridad a la estructuración de la carta geológica nacional, la que produce información para las empresas que desean invertir en minería. El Estado llevaba los proyectos hasta las puertas de la explotación, para entregarlos a las empresas. Sin embargo, Balcázar lamentaba que el INGEMMET no recibiera algo de esas empresas para realizar investigaciones avanzadas.
Para incentivar las investigaciones mineras y metalúrgicas, en 1989 Guillermo Balcázar propuso lo siguiente:
- establecer un porcentaje de regalías de explotación de los yacimientos, para el financiamiento del INGEMMET;
- actualizar con urgencia los proyectos sobre el carbón;
- establecer centros de acopio de minerales, en zonas cercanas a yacimientos afines, que puedan, en un futuro cercano, servir de zona de abastecimiento a refinerías;
- hacer lo necesario para que en el año 2050 ya no se exporte concentrados, porque en ellos se va escondida la riqueza.
¿Qué pasó en la década que siguió a esas propuestas?
- desde 1995, el INGEMMET tienen fondos de los derechos de vigencia de las concesiones mineras; el Ministerio de Energía y Minas y los gobiernos locales tienen otros porcentajes;
- se cifra esperanzas en la explotación del yacimiento de Camisea;
- aumentó algo la capacidad de refinación en Ilo; y Cajamarquilla amplió su capacidad en el 20%;
- En cierta forma, se mantuvo los centros de acopio, los concentrados son trasladados a centros de embarque o a otras refinerías.
Sin embargo, se hizo muy poco en investigación para exportar más que concentrados, tema que tiene que ver en gran medida con la metalurgia.
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Metalurgia
La investigación en metalurgia estaba, en 1989, en gran medida, bajo la responsabilidad del INGEMMET. El INGEMMET contaba con una planta piloto de segregación de minerales oxidados, que estaba ubicada en la planta de zinc de Cajamarquilla, y que fue construida con ayuda de la Misión Japonesa. Al lado se puso una planta de tostación, que, por medio de elevación de temperaturas, servía para tostar y sublimar los minerales dañinos, para luego extraer los metales o minerales beneficiosos. Esta planta se privatizó en 1996, y pasó a una empresa canadiense.
Los laboratorios y una planta de flotación, pertenecientes al INGEMMET y que prestaban servicios en los terrenos de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), fueron cedidos a esa universidad. Una planta de flotación y una planta de tostación se cedieron a la Universidad de San Marcos, pero no se puso en operación.
Las plantas de flotación del Banco Minero fueron transferidas a varias universidades nacionales. El tamaño de estas plantas era apropiado para pequeña minería. La Universidad Santiago Antúnez de Mayolo de Huaraz tiene una planta de 50 toneladas y otra de 250 toneladas de producción por día. Una de ellas ha sido alquilada a una empresa privada, la que la puso en operación. La Universidad de Huancayo y la Universidad de Trujillo recibieron otras plantas similares.
En el campo de la metalurgia, José Vidalón, del Banco Minero planteó los siguientes desafíos:
- aumentar la productividad mediante la modernización de los sistemas, la optimización y control de procesos;
- diversificar la producción, abarcando nuevos materiales, productos y subproductos –por ejemplo, dar mayor impulso a los minerales no metálicos–, de los cuales tenemos reservas, como los fosfatos, los compuestos de potasio, el magnesio y sus derivados. También se trataba de apoyar el desarrollo de materiales cerámicos;
- elevar el grado de elaboración –dejando gradualmente la producción sólo de concentrados y metales– hacia la obtención de aleaciones y compuestos para luego pasar a la producción de manufacturas;
- sustituir insumos que la industria importa en volúmenes considerables; e
- iniciar la investigación y desarrollo sobre la producción de materiales avanzados, tales como las super aleaciones, materiales cerámicos, semiconductores, aisladores, etcétera.
En los años 90s nada de eso se hizo realidad. Con la privatización, y el ingreso de capitales, las grandes empresas venían a explotar los recursos y traían prácticamente toda la tecnología necesaria; sólo necesitan profesionales y técnicos peruanos, y en número limitado. El INGEMMET está abocado exclusivamente a la carta geológica. La minería, con casi 50% de las exportaciones nacionales ocupaba sólo el 1% de la población económicamente activa.
Las inversiones externas en minería peruana tienden a la extracción y a la concentración del mineral, para refinarlo en plantas de sus países de origen. Ello es mucho más rentable que instalar una planta de refinación en el Perú. Los concentrados de Antamina iban a Canadá. De esa forma, la participación del Perú en el proceso minero, cada vez se iba limitando más a la extracción primaria.
Agroindustria
La producción y el procesamiento de alimentos han sido preocupación desde tiempos preincas, en los que se dominaba técnicas de valor hoy reconocido por los entendidos en la materia. En los años 90s, la tecnología había ingresado muy poco al campo, y cuando lo hizo ha sido en forma heterogénea. Jorge Arturo Portocarrero, en el “SICITI 2 000”, criticó lo que llamó la “tractorización” de la agricultura, la que ha significado “un desperdicio tremendo de capitales, porque muchas áreas no necesitan tractor, y no se ha producido elementos mecánicos que puedan funcionar por tracción animal”. Como ejemplo, Portocarrero señalaba que en un campo de espárragos, el arado tiene ventajas sobre los tractores. Otro caso similar es constituido por los sistemas de automatización, los que no se domina completamente; en tal sentido, él demandaba “impedir que se adquieran robots para estar paralizados por falta de software”.
Teófilo Aliaga mencionaba que la participación de la agroindustria en los alimentos peruanos es del orden del 10%, mientras que en el Grupo Andino es 40%, y unos 90% en los países desarrollados. El 90% de la agroindustria está en la Costa y, de ese, 75% está en Lima y Callao. El 6% de las empresas grandes tienen el 70% de la producción. Las grandes industrias son intensivas en capital y utilizan materia importada para un consumo interno. El resto tiene tecnología obsoleta.
En 1989, Teófilo Aliaga proponía:
- simplificar la administración de los institutos, para que éstos permitan la rápida obtención de los recursos para la investigación;
- lograr que los profesores de las universidades sean investigadores;
- orientar la investigación hacia las materias primas de alta calidad, para valorar los productos naturales nacionales y a las biotecnologías, las que son fundamentales para el desarrollo del agro.
A fines de los 90s , el porcentaje del componente de agroindustria en los alimentos era un poco mayor que en 1989, pero no en una proporción adecuada. Mientras tanto, Chile ha pasado a 55%. En Perú se exporta frutos en bruto, congelados, con poco valor agregado. En muchos casos, importar es más barato que cosechar en el Perú.
Pedro Carrillo, en el SICITI 2 000, opinaba que debiera darse prioridad el tratamiento poscosecha de frutas, embalaje de productos agrícolas, de frutas y de verduras para exportación o de traslado de zonas de ceja de Selva o Montaña hacia Lima. También debemos considerar almacenaje hipobárico, como lo ha hizo Colombia, decía Carrillo.
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Industria química farmacéutica
En el campo de la industria química farmacéutica, en el “SICITI 2 000”, Simón Pérez Alva hizo notar que en 1989 se importan los 4 496 específicos que se usan para fabricar las medicinas. El costo de la materia prima de la especialidad farmacéutica es de 40% a 45% del costo total. Como punto de comparación, los específicos en Brasil son 10 000 de marca, en Colombia son 14 500, en Suiza e Italia son 20 000 y en Alemania son 25 000.
Ernesto Melgar resumía la situación de la industria farmoquímica diciendo que todo se reduce a traer insumos, tabletearlos, ampolletarlos o encapsularlos y envasarlos. El defecto es que en el Perú nunca se desarrolló la industria química básica y, por lo tanto, no tenemos los insumos fundamentales.
En la industria química farmacéutica, en 1989, Pérez Alva esperaba que en el 2000 el país produjera antibióticos de segunda generación. Planteaba la necesidad de centros de investigación de excelencia en química farmacéutica.
¿Qué podemos hacer para acortar este retraso?. Estamos llegando tarde a la industria química básica, decía Melgar, pero debemos apostar por la ciencia moderna, la biotecnología, con la que se puede pasar muy rápidamente de la investigación básica a la investigación aplicada. Para empezar, debemos contar nuevos profesionales que trabajen en equipo, biólogos, microbiólogos, químicos, ingenieros, capaces de desarrollar estas nuevas áreas. Es decir, existe un trabajo muy grande para nuestros institutos y universidades, los que deben abandonar la manera clásica de formar profesionales, proponía Melgar.
Marco Antonio Garrido Malo, en el “SICITI 2 000”, apostaba por el establecimiento de centros selectos de formación, centros de investigación altamente calificados. Esto lo pueden hacer sólo las universidades, porque no existe la voluntad política que proyecte nuevos institutos. Garrido sugería a los jóvenes orientarse hacia los aspectos de control de calidad. En control de calidad es una actividad polivalente muy exigente, en la que intervienen biólogos, farmacéuticos, médicos, veterinarios, entre otros.
¿Qué pasó en la década de los 90s?. En el 2000 no había un centro de investigación de excelencia. Las universidades no pudieron remunerar adecuadamente a sus profesores. A pesar de que el Perú, hasta 1998, era el único exportador de SEIS-APA en América Latina, en 1999, SINQUISA, la empresa peruana que producía materia prima para antibióticos de primera generación, fue comprada por una empresa holandesa. La SEIS-APA ya no se produce y la planta fue desmantelada.
Según datos del Colegio Química, desde 1990 a 1999 en el Perú desaparecieron 528 lo que representa un retroceso de 60 años. Sólo quedan 25 laboratorios. Sólo el 20% de los profesionales químico farmacéuticos peruanos trabaja en este rubro. Las empresas Bayer, Grünenthal y Roche han dejado de fabricar medicamentos en el Perú para importarlos de Argentina, México. El Perú no exporta medicamentos.
Biotecnologías
En el campo de las biotecnologías, Marcel Gutiérrez, en 1989, opinaba que la explosión de las biotecnologías afectará al Perú, porque varios productos exportados iban a ser reemplazados por otros, generados en laboratorios extranjeros. El azúcar, por ejemplo, ya es reemplazado por edulcorantes producidos a partir del almidón, señalaba Melgar.
Melgar Advirtió que empresas transnacionales enormes como la Dupont y la Monsanto, habían acaparado la producción de semillas mejoradas. En muchos casos tenemos que comprar esas semillas, las que están bajo patente internacional. Es más, no sólo se trata de la nueva semilla, sino el paquete tecnológico incluido. Es decir, fertilizantes especiales, insecticidas especiales, maquinaria especial, etcétera. Según Gutiérrez, el Perú podía producir ácido cítrico, el que en 1989 se estaba importando.
Entre los problemas que Gutiérrez identificaba en el desarrollo de la biotecnología podemos mencionar:
- falta de gente capacitada;
- remuneraciones irrisorias de los investigadores;
- presupuestos prácticamente nulos;
- serias limitaciones en infraestructura; limitaciones en información biotecnológica;
- competencia por recursos de muchos proyectos del mismo tipo, lo que daba lugar a un desperdicio de dinero;
- poco uso de los conocimientos generados en el país.
Para evitar que las cosas se agravaran, Marcel Gutiérrez, proponía una serie de medidas:
- seguir importando antibióticos, por su carácter social;
- producir por lo menos penicilina;
- investigar temas relacionados con el sector Agricultura, en especial con la industria azucarera, explorar posibilidad de materia prima como los aminolácidos, entre ellos, el caso de la yuca.
Respecto a medidas a favor de la ciencia y la tecnología, Gutiérrez opinaba que era necesario:
- decisión política en ciencia y tecnología, previa concertación de grupos políticos;
- comunicación industria-universidad (recordaba que ésta había sido la base del éxito de las biotecnologías en los países desarrollados, y en países vecinos, como Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador);
- estímulos a la industria, como cancelación de impuestos por investigación y desarrollo, precios de refugio, y un monto para estimular a estas empresas;
- fortalecimiento de la base científica interdisciplinaria;
- formación de personal para el corto, mediano y largo plazo;
- priorización, en el corto plazo, del uso de lixiviación microbiana;
- desarrollo la industria láctea con independencia de las sepas, en el caso del yogurt, quesos, etcétera;
- desarrollo de tecnologías para el uso del almidón, sobre todo para algunas formas de fermentación, como serían penicilinas, glutamato, lisina;
- desarrollo, a mediano plazo, de tecnologías para el uso de la celulosa, reconversión de la industria sucroquímica, la culminación de la tecnología del SEIS-APA para que no haya dependencia de la importación de la enzima, como entonces la había;
- ampliación el mercado de enzimas;
- desarrollo de la tecnología para la producción de fertilizantes y pesticidas microbianos ;
- y desarrollar nuevas vacunas, cuya importación se estaba incrementando.
Fabiola León Velarde, por su lado, proponía investigar sobre temas relacionados con nuestros propios problemas. Uno de los temas propuestos era la lixiviación bacteriana, la que puede ser útil en los relaves mineros. Si bien esto no tiene importancia en la competencia internacional, para nosotros sí lo tiene. Otro tema que propuso León Velarde fue el diagnóstico para enfermedades propias, como la leishmaniasis.
¿Qué resultó de los esfuerzos biotecnológicos de la década de los 90s? En general, las biotecnologías se desarrollaron muy poco. Como consecuencia, varios productos peruanos han dejado de ser rentables. Algunas empresas han debido reestructurarse para sobrevivir. En 1999, la empresa azucarera Paramonga ha sido comprada por Wong y se proyecta a producir sólo para el mercado nacional.
Por otro lado, en la industria química farmacéutica, se frenó lo poco que se iba avanzando. Las investigaciones biotecnológicas en minería también han sido abandonadas. En contraste con ello, Chile está intensificando sus investigaciones en lixiviación bacteriana, con millones de dólares de financiamiento.
La investigación sobre el diagnóstico de Leishmaniasis dio buenos resultados, gracias a la existencia de un excelente equipo de investigadores de la Universidad Cayetano Heredia y al apoyo de instituciones extranjeras. Los resultados de las investigaciones benefician a los habitantes de los valles andinos, los que hasta hoy sufren los estragos de esa enfermedad, más conocida como la uta.
Electrónica y telecomunicaciones
En el campo de electrónica y las telecomunicaciones, Héctor Roselló, director de investigaciones del INICTEL –creado en 1973 para centralizar y racionalizar la investigación y la capacitación en telecomunicaciones– informaba que las empresas de telecomunicaciones no se interesaban en realizar un progresivo nacimiento y fortalecimiento de proveedores nacionales. “No ven el interés de contar con una industria local de telecomunicaciones”, decía Roselló en el SICITI 2 000.
Según Roselló, lo que agravaba la situación era el monopolio de la empresa de telecomunicaciones (ENTEL): ésta realizaba investigación y desarrollo, sin considerar a la industria local como parte integrante del proyecto, desde su inicio hasta la fase de producción, asegurándole un mercado. Esto, para Roselló, conllevaba a que la industria se viera en peligro de desaparecer, y no sea posible un desarrollo acorde con la realidad nacional.
El INICTEL, desde sus inicios en 1973 hasta 1989, había desarrollado unos 37 proyectos, financiados por entidades del Estado o compañías privadas pequeñas. ENTEL sólo demandó un proyecto que duró 6 meses.
Entre 1983 y 1989 el INICTEL desarrolló proyectos con recursos propios y financiados sólo parcialmente en 1986 por CONCYTEC.
El 77% de todos los proyectos del INICTEL fueron enfocados en las telecomunicaciones. Un 23% fue necesario para mantener la continuidad, o apoyar a otras entidades de investigación y desarrollo.
Héctor Roselló demandaba cambios radicales para lograr, en cuarenta años, una industria de telecomunicaciones. En suma proponía:
- incentivar y apoyar los esfuerzos particulares industriales que con sus propios recursos invierten para exportar bienes tecnológicos –con valor agregado– que se produce localmente y generan divisas;
- captar, lo más pronto posible, la inversión extranjera, la que en América Latina tiende a ser menos atractiva y disminuye rápidamente la apertura de otros mercados importantes y productivos como el soviético y chino;
- otorgar un presupuesto dedicado al INICTEL para que realice o coordine las actividades de investigación y desarrollo en telecomunicaciones que se requieran en el corto y mediano plazo y a nivel nacional;
- ver, en las adquisiciones de equipamiento extranjero, una obligación de las empresas extranjeras, para ensamblar o fabricar localmente, con participación o apoyo de la industria nacional;
- proporcionar mayores facilidades arancelarias al sector comunicaciones con la verdadera jerarquía que le corresponde, por ser un sector fundamental de apoyo para los demás sectores;
- propiciar proyectos conjuntos de investigación y desarrollo con países de América Latina.
Roselló temía por lo que pudiera venir: “ojalá que la industria pueda sobrevivir hasta el año 2 000, pues las decisiones políticas no han sido dirigidas a promover la industria en forma sostenida, sino a estrangularlas”.
Las líneas de investigación propuestas por Roselló eran la robótica y la inteligencia artificial. Se trata también de identificar las áreas de investigación en nuevos materiales: los superconductores tienen que ser elegidos dentro de los diez primeros años, para poder estar en posición internacionalmente competitiva, decía Roselló.
Geofísica
En el campo de la geofísica, Jorge Bravo, del Instituto Geofísico del Perú (IGP), relató que, hasta 1968, con apoyo extranjero, el IGP se desarrolló sostenidamente. El 90% del presupuesto venía de la cooperación internacional. En 1968 hubo un cambio de gobierno y un cambio de política. Se produjo un disloque. En pocos años se invirtió el porcentaje de procedencia del financiamiento, sin aumentar los recursos otorgados por el Estado. Al frenarse el ingreso por cooperación, el 85% del presupuesto provenía del tesoro público y 15% provenía de recursos propios del Instituto.
En el campo de la sismología no se cuenta con el número suficiente de estaciones que permitan estar alertas para eventualidades sísmicas o volcánicas. En la década de los 90s, el número de científicos e ingenieros fue reducido drásticamente, lo que ha producido una insuficiencia de personal para cumplir su misión en forma satisfactoria.
A pesar de su importancia, no existe un equipo activo en el campo de la glaciología. En mayo de 1970, un terremoto con epicentro frente a las costas de Chimbote, hizo caer parte de los glaciales del Huascarán, la que arrasó la ciudad de Yungay y otros pueblos. Mateo Casaverde, del IGP, estuvo en Yungay el día del desastre. Casaverde relata que con su cámara fotográfica pudo constatar que el glacial del Huascarán presentaba resquebraduras. Cuando escuchó el sonido característico de una avalancha, miró hacia el Huascarán y vio una polvareda que indicaba que se venía algo terrible. Corrió hacia el cementerio, ubicado en las partes altas, y se salvó. Ronald Woodman recuerda que cinco años antes del desastre alguien había alertado sobre el riesgo de un inminente desastre. Las personas que alertaron sobre el inminente desastre fueron encarcelados “por crear alarma”.
En el campo de la física de atmósfera, el IGP ha recibido un importante apoyo de Estados Unidos, en especial con la construcción del Observatorio de Jicamarca, el que ha hecho importantes contribuciones a la ciencia de la atmósfera. Ronald Woodman, director del IGP en 1999 fue premiado con el premio Appelton por sus trabajos sobre este tema.
Pero, sin lugar a dudas, como demostración de lo que representa el apoyo que recibe la ciencia por parte del Estado, cabe mencionar que en mayo del 2000, el local central del IGP, con sus computadoras y la base de datos de 50 años de sismología, fue consumido por un incendio. La razón es simplemente que el local era un conjunto de barracas construidas de “triplay”.
Informática
Eduardo Toledo, en el SICITI 2 000, ponía en relieve la oportunidad a lo pequeño, debido a la capacidad de acceso a los medios informáticos, de núcleos pequeños de personas, empresas o familias. Los servicios que se pueden brindar con las computadoras son innumerables y no requieren capitales desmesurados. Joaquín González veía la informática como una tecnología sin límites en el mediano plazo. Julio Savaresse proponía hacer software de servicios para usuarios. Conforme vayamos aprendiendo iremos haciendo diseños de circuitos integrados, decía González.
En la década de los 90s, los servicios de internet han creado un nuevo mundo, mostrando que en este campo el desarrollo es veloz, y no podemos ver con mucha claridad hacia donde llegaremos en diez años. En el campo de la informática, algunos esfuerzos institucionales y personales han dado lugar a contratos desde el extranjero.
Universidad
¿Y la Universidad? Javier Sota opinaba, en 1989, que, con honrosas excepciones, las universidades son copistas, alienadas, descentradas de la realidad nacional. Esa realidad tiene siglos, porque nuestra cultura no ha podido encontrar el camino que sí tuvo, por ejemplo, la cultura andina, que sí fue autocentrada. Afirmaba que en ese entonces se aplicaba el modelo de la desacumulación. La Universidad era defectiva.
Raúl Fajardo hizo recordar que, en el mundo, por cada 100 trabajadores, existen 4 a 5 técnicos y uno o dos profesionales. En el Perú, por cada técnico hay tres o cuatro profesionales. Estos profesionales tienen que ser re-entrenados para comenzar a trabajar.
Javier Sota opinaba que la investigación debía estar dirigida a la especificidad nacional y no a generalidades abstractas. Propuso la recuperación, para la Universidad, de la investigación que el Gobierno militar llevó a los institutos. El espacio natural de la investigación está en la Universidad, y es en la Universidad que el Estado tiene que invertir en laboratorios, señalaba.
Raúl Fajardo, opinaba que la Universidad debía vincularse con el sector productivo. Una universidad divorciada del sector productivo, como es el caso actual, no va a contribuir al desarrollo nacional. Para ello debe generarse confianza en la Universidad. Según Fajardo, debía producirse profesionales capaces de crear trabajo.
Hoy en día, en la Universidad no se hace investigación. Los profesores de las universidades estatales, para completar sus ingresos, trabajan en dos o tres lugares. No es raro ver docentes que trabajen al mismo tiempo en una universidad estatal y en una privada. En cuanto a la dedicación del profesor, la Universidad estatal lleva la peor parte. En consecuencia, es prácticamente imposible realizar trabajos de investigación.
En el 2000, se contaba numerosas universidades privadas de diversas categorías. En la mayoría de éstas, los criterios de rentabilidad hacen difícil establecer proyectos de investigación.
En cuanto a formación de profesionales, los resultados son poco alentadores. Por un lado, las universidades estatales, por ser gratuitas, cuentan con alumnos rigurosamente seleccionados; pero, por las bajas remuneraciones, tienen profesores que no dedican el tiempo necesario para una buena formación. Las universidades privadas, en cambio, debido a las pensiones que deben pagarse, los alumnos son seleccionados menos rigurosamente, pero tienen profesores que les dedican mayor tiempo.
La investigación en la Universidad puede dar lugar a productos competitivos para ser comercializados por la empresa. En la realidad, ni las universidades ni las empresas hacen investigación; y, a pesar de los múltiples esfuerzos establecer contactos entre ambas, éstas siguen incomunicadas.
Industria
En el “SICITI 2 000” Fernando Villarán recordó que la política de sustitución de importaciones fue un fracaso. Lo que proponía Villarán era encontrar el motor del desarrollo, “el dinamismo tecnológico endógeno, que es justamente la característica básica del desarrollo industrial. Este es el lugar donde se concentra la unión entre ciencia, tecnología y actividad industrial”. La pregunta que surge es ¿cómo se logra? ¿Es posible que tengamos en el Perú ese proceso tecnológico? Para avanzar en esa dirección, en 1989, Villarán propuso:
- demanda en expansión;
- capacitación mayor de los trabajadores;
- mayor articulación y eslabonamiento entre las actividades productivas;
- búsqueda de la existencia de una masa crítica de empresas y cerebros;
- difusión del conocimiento científico y tecnológico;
- desarrollo de la capacidad de imitación y copia de otras soluciones tecnológicas del exterior;
- inversión en investigación y desarrollo, que es el más conocido y el que más se tiene en cuenta.
Villarán llamaba la atención sobre las pequeñas empresas, ya sea para el mercado interno o para la exportación. Siempre pensando en empresas más eficientes, con mayor contenido tecnológico, con mayor capacidad de tener el “bicho” de la innovación tecnológica, que consideraba el motor del crecimiento.
En 1999, la pequeña empresa se ha constituido en la principal fuente de empleo, pero no cuenta con el apoyo científico y tecnológico adecuado.
Villarán hacía notar que se seguía debatiendo el tema de la relación entre la ciencia, la tecnología y la empresa, pero no se presentaba ejemplos de éxitos de procesos que hayan partido con la investigación y terminado en un éxito empresarial.
Carlos Longa, del Acuerdo de Cartagena, en 1989, resaltaba la importancia de los recursos humanos. Consideraba valioso el entrenamiento tecnológico en la tecnología blanda y en las duras, así como el aprendizaje tecnológico, como una función específica dentro de la empresa. La capacitación y el reparto de los beneficios son elementos importantes de la nueva sociedad del empresario y el trabajador. En 1999, la capacitación permanente era prácticamente inexistente en la mayoría de las empresas.
Jorge Arturo Portocarrero, en el “SICITI 2 000” propuso una tecnología apropiada al país, que no sea sólo la copia de una tecnología. Benjamín Marticorena, en esa misma dirección, propuso una reestructuración y una integración y conexión de los diversos componentes en función de la propia realidad y de recurrir a los recursos naturales del país en vez de los importados. Creía entonces que no se debía priorizar el mercado externo.
En el 2000, eramos principalmente exportadores de materias primas –las que cada vez son más baratas– e importamos productos tecnológicos, los que son cada vez más caros.
Los institutos multidisciplinarios de ciencia y tecnología
Los institutos de investigación científica y tecnológica tienen como fines promover la generación de conocimientos para aumentar el valor agregado de los servicios y productos del país. Entre estos institutos, en 1989, se tenía el Instituto Tecnológico Industrial y de Normas Técnicas (ITINTEC) y el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN).
Juan Barreda, en 1989 director general del ITINTEC, promovía los proyectos que la empresa, o los propios interesados de cualquier nivel, fuesen capaces de convertirlos en incremento de la producción y la productividad. Barreda opinaba que el ITINTEC debía ser normativo y no ejecutor.
El ITINTEC también realizaba actividades relacionadas con el control de la competencia desleal y el control de resultados micro.
Juan Barreda ponía énfasis en las áreas críticas, de especial interés para futuro. Planteaba la necesidad de organizar comunidades operativas independientes, los centros tecnológicos. Proponía la creación de los centros tecnológicos automotriz, metalurgia, textil, electrónica, pieles y cuero, alimentos, envases y embalajes.
¿Qué pasó con el ITINTEC? Fue cerrado y, en su local, se instaló un nuevo organismo: el Indecopi. Los equipos de investigación con los que contaba el ITINTEC fueron cedidos a otras instituciones. En lo que respecta a laboratorios, el Indecopi ha mantenido su laboratorio de metrología.
Párrafo aparte merece el Museo de Ciencias “Castro Mendívil” del ITINTEC, el que servía para la difusión de las ciencias en los colegios. Este museo, que tenía una formidable acogida, con visitas programadas para varios meses, fue enviado al parque zoológico de Las Leyendas.
En el campo de la energía nuclear, el contralmirante Cristóbal Miletich, en 1989 presidente del IPEN, resaltaba el carácter multidisciplinario de la actividad nuclear, tanto por la diversidad de aplicaciones que tiene, como por el origen de los profesionales que trabajan en esta actividad.
Entre los servicios y proyectos a los que se refirió Miletich podemos mencionar:
- el proyecto MOSCAMED, el que consiste en irradiar a los machos de la mosca de la fruta para esterilizarlos, y después soltarlos en los campos, con lo que se logra la disminución de la plaga;
- servicios de ensayos no destructivos (END), los que permiten analizar materiales sin necesidad de tener que abrir, partir, cortar o romper;
- servicios de hidrología isotópica, los que permiten la prospección de recursos hídricos, fuga de represas;
- aplicaciones en agricultura, llevadas a cabo por la Universidad Nacional Agraria (UNA), entre las que puede mencionarse el mejoramiento de cereales mediante fitotecnia por mutaciones; mejoramiento de la práctica de gestión de los fertilizantes etcétera;
- radio-inmunoanálisis en reproducción animal, en la Universidad Nacional de San Marcos;
- aplicaciones en la industria;
- medicina nuclear en un centro especializado y apoyo a todos los centros de medicina nuclear del Perú;
- análisis químicos par la minería;proyecto de instrumentación nuclear; el que comprendía siete prototipos que se aprestaban a construir, entre los cuales se tiene un pH metro, un equipo para medir radiaciones, agitadores magnéticos, etcétera;
- producción de radioisótopos para reemplazar las importaciones, con la voluntad de exportar;
- explotación de las minas de uranio de Chapi y Macusani;
- proyecto Planta de Irradiación Multiuso, que sirve para irradiar alimentos y productos para la exportación, así como de productos médicos;
- proyecto nucleoeléctrico, cuyo objetivo era instalar plantas nucleares en el Perú.
¿Qué sucedió, hasta el 2000, con estos proyectos o servicios ofrecidos por el IPEN?:
- el proyecto MOSCAMED sigue funcionando, en una institución ligada al sector Agricultura;
- prosiguen los servicios de radiografía industrial;
- la hidrología isotópica ha sido aplicada con éxito en diversos lugares del país;
- las aplicaciones nucleares en agricultura siguen bajo la responsabilidad de la UNA, la que ha obtenido una serie de productos en este campo;
- también prosiguen las aplicaciones del radio-inmunoanálisis en la Universidad de San Marcos;
- el Centro de Medicina Nuclear sigue brindando servicios, y ahora es administrado por el Instituto de Enfermedades Neoplásicas;
- los servicios de análisis químicos por el método de análisis por activación neutrónica, aplicados en la minería, en cambio, no han prosperado porque no se cuenta con la infraestructura para atender la demanda de análisis, por lo que las empresas interesadas, incluyendo el INGEMMET, han preferido enviar sus muestras a las grandes empresas de análisis en el extranjero;
- ninguno de los productos de equipos electrónicos producidos en el IPEN han sido comercializados;
- en cuanto a los radioisótopos, para tener una idea, podemos decir que en 1998 se produjo por un monto de 300 000 dólares, lo que tiene que compararse con los aproximadamente 3 millones de dólares que cuesta operar el Centro Nuclear de Huarangal;
- el uranio por su bajo precio sigue sin explotar, a pesar de haber sido ofrecido al mercado internacional;
- la planta de irradiación, fue explotada por una empresa privada, sin lograr amortizar el costo de la planta;
- el proyecto nucleoeléctrico ha sido prácticamente abandonado.
La visión de Cristóbal Miletich era llegar al próximo siglo con un IPEN sólidamente consolidado, con laboratorios bien equipados, prestando servicios a la comunidad científica del Perú –que esperaba sea mucho más numerosa que la de 1989–, generando nuevas ideas, nuevas técnicas, nuevas metodologías, para contribuir al desarrollo integral del país.
Queremos, decía Miletich, que nuestros técnicos y científicos sean bien remunerados, para evitar que se vean obligados a realizar actividades extra, o se tengan que ir del país.
Miletich ponía énfasis en el concepto de garantía de calidad –que, decía, es toda una filosofía, muy superior al concepto de control de calidad, actualmente en uso– el que debía ser utilizado por toda la industria nacional. Con esto, según Miletich, se habría conseguido un buen nivel de nuestra industria en general, estando en condiciones de competir con cualquier otra de los países más desarrollados. Se refirió a la industria metal-mecánica en Argentina, la que, gracias a la demanda de la industria nuclear, adquirió su grado de madurez.
La realidad fue diferente: durante la década de los 90s el Estado aplicó una política de incentivos a la renuncia a los puestos de trabajo del Estado, lo que produjo la emigración de la mayoría de los profesionales y científicos más calificados. En cuanto a la situación de los profesionales y científicos que se quedaron a trabajar en los laboratorios era tal que ganan ahora la mitad de los profesionales que ocupan cargos de confianza, lo que ha incrementado el éxodo de los especialistas mayor capacitados.
Miletich visualizaba al IPEN como ente promotor, para que exista una industria nuclear sólida, en donde el Estado como el sector privado pueda invertir.
Todo esto requiere financiamiento. Miletich tuvo dificultades, como otros responsables de institutos, en conseguir el presupuesto adecuado. Por ello es que se trabajaba en diferentes frentes, para no limitar el desarrollo nuclear a las posibilidades del presupuesto público. Buscaba la aprobación de un canon nuclear. También trataba de generar recursos propios con la prestación de servicios. La necesidad de recursos para financiar los proyectos llevó a Miletich a proponer la conversión de la deuda pública en donación.
Los diversos proyectos del IPEN se desarrollaban gracias al apoyo de la cooperación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con el que el Perú, como la mayoría de los países del mundo, firmó un tratado según el cual las potencias que cuentan con armas nucleares las puedan mantener, mientras que los otros se comprometían en no desarrollarlas ni adquirirlas. A cambio de esa renuncia, los países no nucleares reciben asistencia para aplicaciones pacíficas de energía nuclear.
Hans Nowak hacía un llamado para que los investigadores universitarios usen las instalaciones del IPEN en sus investigaciones, sobre todo en ciencia de materiales con n variantes. Sin embargo, durante la década de los 90s no hubo un solo equipo de científicos de la Universidad que haya usado las facilidades del IPEN para su investigación.
En definitiva, puede señalarse que la ciencia y la tecnología no fueron tomadas con la debida prioridad. Más aún, algunos proyectos en los que se utilizaron los pocos recursos que otorgaba el Estado no concluyeron. Aquellos proyectos que fueron establecidos con mentalidad comercial fracasaron, mostrando que las decisiones fueron tomadas sin una visión cabal de la realidad. Cabe señalar que se brinda servicios limitados de radiografía industrial, calibración de fuentes de rayos X y de bombas de cobalto, hidrología isotópica, y medicina nuclear. |
4th Symposium on pan-American Collaboration in Experimental Physics, expositor, Bariloche, Argentina, 06-10/11/1989.
En octubre del 1989 participé en el 4th Symposium on pan-American Collaboration in Experimental Physics, expositor, Bariloche, Argentina, 06-10/11/1989. La indicutible figura estelar de ese simposio fue Leon Lederman, premio Nobel de física |
Copa Ciencia 1989
Uno de los recursos usados para estrechar lazos de confraternidad entre los investigadores de los institutos de ciencia y tecnología fue la "Copa Ciencia", realizado entre el 4 de noviembre y el 9 de diciembre 1989. Este evento permitió que conociéramos más cercanamente las preocupaciones de los investigadores científico-tecnológicos. Una de esas era la falta de promoción de la carrera del investigador. Ya el año 1988 se había llevado a cabo la primera edición de ese evento deportivo. |
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El Comercio. 150890. Lima Crónicas/Institucionales (C06)
Primer Congreso de Sopecyt
A partir de hoy tendrá lugar el primer congreso organizado por la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología -Sopecyt- sobre la "Problemática Científica Tecnológica y Proyecto de Ley del Investigador", que se desarrollará hasta el jueves 16 en el Colegio de Ingenieros del Perú, en Miraflores, de 6 a 9 pm.
En dicho certamen propondrán la definición de objetivos claros en el mediano plazo en el campo de la ciencia y tecnología; la creación del Sistema de Ciencia y Tecnología que integre los esfuerzos de investigación de las diversas instituciones científico-tecnológicas ; y la promulgación de la Ley de Investigador, en base al proyecto que la Sopecyt ha trabajado durante meses.
Participarán investigadores del Instituto Peruano de Energía Nuclear IPEN, del Instituto de Investigaciones Tecnológicas Industrial y de Normas Técnicas Itintec, el Instituto Geofísico del Perú IGP, el Instituto Nacional de Investigación Agroalimentaria Iniaa, la Universidad Nacional de Ingenieria UNI, la Universidad de San Marcos Unmsm, la Universidad Nacional Agraria UNA, entre otras instituciones.
Para mayor información llamar a Modesto Montoya, presidente de Sopecyt, teléfonos 885050 o 476980. |
Forum sobre Política Científica y Tecnológica 1990 - 1995
Lima, auditorio de PetroPerú, 6 - 8 de marzo 1990
Siendo un año de elecciones, la UNI, la SOPECYT, la SOPERFI, el CIP y SABER, organizaron el Foro sobre Política Científica y Tecnológica 1990 - 1995.
A principios de los años 90s los empresarios peruanos veían a la Universidad como un ente desconectado de la producción de bienes y servicios, la cual constituye la razón de ser de las empresas privadas. Por su lado, según la Universidad, la Empresa mostraba un total desinterés por las actividades científicas y tecnológicas. Así, la Empresa y Universidad, por mucho tiempo, se dieron la espalda. A fines de los 90s, la Universidad y la Empresa intentaban establecer mecanismos para trabajar juntas, con el objetivo de mejorar la competitividad empresarial. Ante esta nueva situación, el Estado –interesado en lograr el desarrollo económico y social del país– buscaba formas de incentivar ese acercamiento y participar en el mismo, con el convencimiento –basado en la experiencia de los países exitosos– de que ello era para el país.
Por su parte, el Estado cumplirá con su misión promotora al poner en acción el potencial neuronal de la juventud impulsado por el motor empresarial.
Sera claro que era necesario una apertura universitaria y empresarial, así como una activa participación del Estado, a través de incentivos para que las empresas inviertan y los investigadores trabajen en las actividades científicas y tecnológicas correspondientes.
En los países desarrollados, el Estado lleva a cabo enormes proyectos de investigación científica y tecnológica, dando lugar a resultados que luego son aplicados por las empresas en sus diversos productos. También ocurre que el Estado lleva a cabo sus proyectos contratando a la empresa privada.
Finalmente, en los acuerdos internacionales sobre la competencia comercial, se aceptaban que el Estado invierta en investigación científica y tecnológica. Los resultados beneficiarán a las empresas privadas de los países.
En el país se estaba buscando crear una cultura científica y tecnológica que impulse la interacción entre institutos, universidades y empresa. Se buscaba mecanismos legales para la promoción de la ciencia y la tecnología en esos agentes del desarrollo, los que servirían de base para crear esa cultura y para que se establezca tal interacción.
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Rol del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC), alcanzó su más alto nivel de influencia en el período 85 - 90, bajo la dirección del Dr. Carlos Del Río. Su presupuesto llegó a 15 millones de dólares en un año, cinco veces más que el del 2000. Con este presupuesto subvencionó numerosos proyectos de investigación en los diversos campos de la ciencia y la tecnología. En ese período, con apoyo de CONCYTEC, se realizó numerosos seminarios, conferencias y cursos sobre ciencia y tecnología. Se llevó a cabo estudios sobre el estado de la ciencia y la tecnología, los que coincidían en resaltar la necesidad de incrementar el potencial humano en ciencia y tecnología.
Del Río propuso implantar zonas francas, por lo menos una. La meta era usar el talento para alcanzar el desarrollo. Hasta ahora no hay tal zona franca. Más aún, hoy, el libre mercado aplicado en todos los campos, aleja esa posibilidad
Desde 1998, el CONCYTEC repitió el esfuerzo de estudiar la realidad científica y tecnológica obteniendo los mismos resultados que los trabajos anteriores. Respecto al potencial humano puede mencionarse que existe:
- promoción de las tareas administrativas en instituciones científicas, a través de remuneraciones privilegiadas en comparación con las correspondientes a la investigación, dando como resultado malas remuneraciones para los investigadores,
- falta de exigencia de publicaciones para mantener la carrera de investigación o de profesor universitario,
- ausencia de la carrera del investigador,
- falta de experiencia de los directivos en los procesos de investigación científica y tecnológica.
Como resultado de esta realidad, se tuvo:
- falta de motivación para seguir carreras relacionadas con la investigación científica y tecnológica,
- escasez de potencial humano altamente calificado,
- escasez de resultados científicos y tecnológicos significativos, competitivos en el ámbito internacional,
- falta de información científica sobre los recursos naturales,
- falta de productos competitivos en el mercado internacional,
- escasez de recursos económicos, la que no permite remunerar adecuadamente a personal altamente calificado, lo que lleva al punto inicial del círculo vicioso.
En ese marco se llevó a cabo el Foro sobre Política Científica y Tecnológica 1990 - 1995.
El doctor Jorge Heraud, en representación de FREDEMO (liderado por Vargas Llosa) dijo que su partido continuaría el apoyo al CONCYTEC, prestando importancia a los mecanismos de investigación y producción. El FREDEMO propugna, dijo, a que la ciencia y la investigación conduzcan al país y a las empresas industriales, a acceder mejor al mercado, produciendo bienes y servicios para satisfacer necesidades nacionales y para acceder al mercado de la producción. El punto central, añadió Heraud, e s que no debemos hacer investigación en el aire, sino de forma que nos lleve a resultados positivos, visibles, reales y con retribución económica. Heraud dijo que FREDEMO eliminaría las trabas burocráticas y facilitaría el acceso a capital de riesgo. Además impulsaría la interacción entre los institutos de investigación con el mercado y cambiaría la visión del Estado con respecto a ellos, permitiéndoles más agilidad e independencia, mover sus recursos propios y vender servicios. La idea era reinsertar la país en el mundo industrial, que va a ser posible mediante una creaciente toma de conciencianacional del rol demarcatorio que ha tenido la tecnología en nuestra hisotira y la real necesidad de impulsar la ciencia y la tecnología y la producción.
Gustavo Flores, por Izquierda Unida, dijo que debe establecerse una legislación que garantice la carrera del investigador científico, otorgándole reconocimiento diferenciado al status de funcionario público, dadas las características de su actividad. Flores propuso que CONCYTEC tenga recursos para que el 20% de la población escolar y universitaria desarrolle actividad científica. Afirmó que los recursos del sector productivo para el desarrollo del conocimiento tecnológico que orienten a la innovación en las empresas deben tener como base el 3% de la renta neta de las empresas de todos los sectores productivos. Esos recursos no podrán se utilizados para fines administrativos de las instituciones responsables del desarrollo tecnológico de cada sector, las mismas que serán financiadas por el tesoro público. Respecto al CONCYTEC, Flores dijo que IU profundizará la actividad que había venido desarrollando en los últimos cinco años, a partir de una prioirzación de los sectores productivos y disciplinas científicas. La biotecnología, por ejemplo, tendrá prioridad, asó como las disciplinas que se orientan más rápidamente a sectores productivos qye satisfagan necesidades de la población.
Iván García Cabrejos, representante del APRA dijo que recogiendo el "clamor de la comuidad científica" para que se satisfagan las aspiraciones de los investigadores. Reconoció el esfuerzo del CONCYTEC y dijo que ampliaría sus ingresos, lo que suponía el término de la fase del "caos premeditado" y una definición de políticas concretas que, vinucladas a la dlos tres otros sectores, pudieran dar marco al proyecto nacional, que el CONCYTEC ya había tratado en un encuentro realizado en febrero del 89. García afirmó que el aparato del Estado no es un instrumento fluído, sino que por el contrario hace difícil cuaquier tarea de plantear y ejecutar una política de desarrollo en la forma en la que se ha señalado. Los intereses en juego tratan de entorpecer políticas tecnológicas, citando el caso en el que la tecnología que dependía del entorno ecológico, y sobre todo porque ya no era solamente necesario buscar políticas de autosostenimiento, sino que, además, se requería que ellas fueran autosostenibles, es decir, que los recursos utilizados se renovaran, evitando así el desabastecimiento y el aniquilamiento definitivo de bienes naturales.
Ernesto Melgar, en representación de Izquierda Socialista, dijo que tendría que darse una ley de la carrera del investigador en la cual la inteligencia se considera parte del patrimonio nacional. Eso significaría darle condiciones para que no abandone el país y pueda dedicarse por completo a sus tareas de investigación. Melgar no creía en la política del “caos premeditado” la que debe ser reemplazada por la definición de prioridades. Entre las prioridades están las de biotecnologías, las que pueden conducir rápidamente del laboratorio a las actividades productivas. El CONCYTEC, dijo Melgar, debe ser un órgano convocatorio y coordinador entre los sectores de generación de conocimientos –universidades e institutos- con los agentes productivos, tanto estatales como privados.
El evento fue clausurado por el arquitecto Javier Sota Nadal, rector de la UNI y presidente de la ANR. Sota, en su discurso de clausura, dijo que, cuando se refiera a la universidad, no se debe hablar de gasto, sino de inversión.
En el foro, el tema de ciencia y tecnología fue puesto en la agenda política. Lo anecdótico fue que el partido Cambio 90 no participó en el foro. Y fue precisamente este partido el que ganó las elecciones del 2000. Sin embargo, la política que llevaría a cabo el partido de Alberto Fujimori tendría mucho de lo que proponía Jorge Heraud, representante de Fredemo.
La propuesta de la SOPECYT
La SOPECYT proponía, básicamente:
- la Ley de la Carrera del Investigador, que se diferencie de la carrera del empleado público y se promueva con ello que los investigadores no sigan emigrando como hasta ese entonces lo hacían; y
- la implementación del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, de modo que las entidades cumplan sus funciones en forma coordinada y termine la desarticulación.
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Elecciones caóticas y partidos desorientados (1990)
En ese ambiente de desesperanza, llega la campaña para las elecciones generales de 1990. Mario Vargas Llosa, escritor con fama mundial, se presenta como seguro ganador.
El APRA, con la caótica situación en que dejaba al país, y la forma cómo la mayor parte de los apristas en todos los niveles había depredado las instituciones, no tenía chance.
La Izquierda Unida, con sus interminables pugnas internas y su pérdida de representatividad popular estaba reducida a su mí nima expresión.
Mario Vargas Llosa se presentó con los partidos más conservadores del país, los mismos que no habían logrado éxito cuando tuvieron la oportunidad de gobernar.
Los electores buscaban afanosamente algún candidato en quien apostar por su futuro, antes que elegir lo malo conocido.
En ese marco surge Alberto Fujimori, un ingeniero agrónomo, ex Presidente de la Asamblea Nacional de Rectores. Su lema era entonces Tecnología, Honradez y Trabajo. Fujimori en una singular franciscana campaña logró vencer al escritor Mario Vargas Llosa, quien había gastado enormes cantidades de dinero en una pomposa campaña.
Elegido Fujimori, Miletich estaba preocupado. Alguien le habí a convencido que desde el interior del IPEN se estaba organizando la forma de despojarlo de la presidencia. En realidad, aparte de los apristas, hasta hoy no hay ningún grupo organizado. Ni siquiera el Sindicato de Trabajadores o la Asociación de Profesionales Nucleares del IPEN tienen una cohesión organizativa.
Cuánto sería su sorpresa cuando, apenas Fujimori asume el poder, lo reemplazan por otro marino, el Capitán de Fragata A.P. (r) José Dellepiane, quien fue uno de sus asesores cuando él fue nombrado Presidente del IPEN.
¿Quién quiere Huarangal? (1990)
El comandante José Dellepiane Massa tiene una personalidad raramente vista en instituciones de investigación y desarrollo. Un cigarrillo tras otro, en tensión constante, al hablar, hacía denotar el poder que le confería su cargo. Para él, casi todo lo que se hizo en el IPEN antes de su llegada estaba mal, comenzando con el diseño del Centro Nuclear de Huarangal, en cuyo proyecto había desempeñado funciones de responsabilidad elevada. A principios de los años 80, llegó a tener la Jefatura de la Delegación Peruana en Buenos Aires, la que supervisaba las acciones referentes al contrato del Centro Nuclear de Huarangal.
En sus relaciones con el personal del IPEN, imponía su formación militar. Al principio, arengaba continuamente a la acción productiva y a la necesidad de que el IPEN sea útil, que deje de ser una carga para el Estado.
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